Con gusto a cansancio y quizás a vino. Dos nuevos microcuentos para usted.
Idealismo
¿Qué nos paso vieja? Nos dormimos frente al televisor aquella tarde del setenta, ¿te acuerdas? Aunque nosotros despertamos, nuestros sueños murieron por siempre.
Vida Laboral
Vicente dejo de sentir sus brazos. Luego las piernas. Cuando notó que su alma comenzaba a dormirse, marcó tarjeta y huyó.
4.23.2006
4.08.2006
Bella Antología de Paso
Dicen que Pedro carga consigo
no sin cierto recelo
una parte de cada una
que ha robado sus silencios.
De Fulana la mirada
de Zutana el firmamento
la sonrisa de Francisca
de Sofía los silencios.
Un buen día
y sin previo aviso
tan bella antología
se hizo cual hechizo.
Fue el primer mes del último año
si mal no recuerdo
cuando Pedro la encontró silenciosa,
esperándolo,
con la mirada de aquella Fulana
el firmamento de la Zutana
los silencios de Sofía
y la sonrisa de Francisca.
Esperando, ahí, inmóvil
como un pájaro espera el otoño
para finalmente desnudar su árbol.
Pedro se acercó y le confeso al oído,
para que nadie más escuchara,
un proyecto
algo sencillo,
quizás un romance,
de esos con cartas y declaraciones
con canciones al oído, flores,
caricias
atardeceres
sueños
Y, de vez en cuando le dijo Pedro,
silencios,
con un me perdonas, si, te perdono
Te quiero, yo también.
Ella se quedó ahí, inmóvil, escuchando.
Miro a Pedro y le sonrío,
como todas ante la misma propuesta
alguna vez hicieron.
Solo que esta vez, lo miró de nuevo
y sonriendo como si nada
se marcho.
Pedro las vio a todas juntas
huyendo
nuevamente
para siempre
y lloró.
no sin cierto recelo
una parte de cada una
que ha robado sus silencios.
De Fulana la mirada
de Zutana el firmamento
la sonrisa de Francisca
de Sofía los silencios.
Un buen día
y sin previo aviso
tan bella antología
se hizo cual hechizo.
Fue el primer mes del último año
si mal no recuerdo
cuando Pedro la encontró silenciosa,
esperándolo,
con la mirada de aquella Fulana
el firmamento de la Zutana
los silencios de Sofía
y la sonrisa de Francisca.
Esperando, ahí, inmóvil
como un pájaro espera el otoño
para finalmente desnudar su árbol.
Pedro se acercó y le confeso al oído,
para que nadie más escuchara,
un proyecto
algo sencillo,
quizás un romance,
de esos con cartas y declaraciones
con canciones al oído, flores,
caricias
atardeceres
sueños
Y, de vez en cuando le dijo Pedro,
silencios,
con un me perdonas, si, te perdono
Te quiero, yo también.
Ella se quedó ahí, inmóvil, escuchando.
Miro a Pedro y le sonrío,
como todas ante la misma propuesta
alguna vez hicieron.
Solo que esta vez, lo miró de nuevo
y sonriendo como si nada
se marcho.
Pedro las vio a todas juntas
huyendo
nuevamente
para siempre
y lloró.
Recordando
Cuando el sueño no lo hacía suyo
Pedro se apoderaba de la nostalgia
leía antiguos poemas y cuentos,
escritos que la noche le había soplado
quizás hace muchas copas atrás.
Una noche Pedro se hallo solo
incluso la noche huía de él.
Solo, como solo puede estar un poeta
una noche nublada.
Entonces tomo una caja
de esas que guardamos como cicatrices,
con amores y recuerdos de guerras pasadas.
La abrió y respiro el perfume,
en silencio
en el más puramente estricto
silencio
Cuando una lágrima interrumpió,
Pedro pensó que su hora había llegado.
No pidió piedad, tan solo que fuera luego
la espera lo mataba.
La lágrima le recordo que ellas
ya no existían, recuerdos, le dijo.
Pedro sonrío, es cierto,
a veces me cuesta recordarlo.
Recuérdalo, dijo la lágrima,
espero no tener que volver.
Antes de que se fuera, Pedro,
sin pensarlo, la detuvo.
Vuelve, tengo una cama
y dos copas, le dijo.
Pedro desnudó aquella menuda lágrima
y ambos se abrazaron
mientras la noche llegaba y espíaba
como si nadie supiera que había llegado.
Pedro se apoderaba de la nostalgia
leía antiguos poemas y cuentos,
escritos que la noche le había soplado
quizás hace muchas copas atrás.
Una noche Pedro se hallo solo
incluso la noche huía de él.
Solo, como solo puede estar un poeta
una noche nublada.
Entonces tomo una caja
de esas que guardamos como cicatrices,
con amores y recuerdos de guerras pasadas.
La abrió y respiro el perfume,
en silencio
en el más puramente estricto
silencio
Cuando una lágrima interrumpió,
Pedro pensó que su hora había llegado.
No pidió piedad, tan solo que fuera luego
la espera lo mataba.
La lágrima le recordo que ellas
ya no existían, recuerdos, le dijo.
Pedro sonrío, es cierto,
a veces me cuesta recordarlo.
Recuérdalo, dijo la lágrima,
espero no tener que volver.
Antes de que se fuera, Pedro,
sin pensarlo, la detuvo.
Vuelve, tengo una cama
y dos copas, le dijo.
Pedro desnudó aquella menuda lágrima
y ambos se abrazaron
mientras la noche llegaba y espíaba
como si nadie supiera que había llegado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)