Con insomnio. Con algo de melancolía. Sin poder dormir. En la mira de un zancudo que observa a su presa como quien mira extrañado un pez que luego de haber sido sacado del agua hace horas, sigue aleteando aún aunque quiera dejar de hacerlo. Microcuentos Nocturnos.
En Esencia
Al despertar, el hombre notó que nunca había dejado de temer a la oscuridad y lloró desde su cuna.
Masoquismo
Una noche las recorrió de nuevo con gusto a historia cerrada. Solo detuvo el masoquismo cuando la distancia comenzo a escocerle en las heridas.
1.23.2006
1.12.2006
El Microcuento más microcuento de los microcuentos
El Dinosaurio
"Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí."
Augusto Monterroso
"Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí."
Augusto Monterroso
1.08.2006
Microcuentos de Antaño
Microcuentos, minimicrocuentos, pequeños relatos, shortstorys, revelaciones súbitas, en fin, sencillas historias contadas en un par de líneas para que usted, querido lector, termine la tarea en su casa. Literatura moderna para los tiempos que corren, breve y fugaz; no se preocupe, no perderá más de un par de minutos, luego podrá volver a su vida habitual. Me estoy extendiendo demásiado, ok, disfrute a continuación de una pequeña selección de relatos cortos.
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Eterna Caricia
¿Quieres bailar? Hoy yacen juntos y cada año, cincuenta personas, hijos y nietos, vienen a celebrar aquel valz que hace más de sesenta años atrás decidieron bailar.
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Los Amores pasan (los libros quedan)
Y colorín colorado este amor se ha acabado. Pasó un zapatito roto y mañana te veré con otro. Sin embargo, por más que intentó, no pudo cerrar el libro durante varios años.
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Dinero Muerto
Cúanto me queda, preguntó José desde su cama. Tit, tit, tit. No mucho, respondió el anciano de blanco. Tit, tit, tit. Podría decirle a mi mujer, que- titit, titit, titit,- el- tititit tititit- dinero- titititititit- está- tiiiiiiiiiiiiiii.....
PD: Aún lo estamos buscando.
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Napoleón Vive
Soy yo, Napoleón Bonaparte, el único y admirado, aquel que dió a Francia su época más gloriosa, aquel que...¡Suéltenme!, ¡¿Qué hacen?! ¡Déjenme!
- De nuevo se te olvido inyectarlo, ¿cierto?
- Lo siento Dr., no se volverá a repetir.
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Mi escena favorita
Por más que me engañe retrocediendo en sueños una y otra vez la cinta, sé que pasará mucho tiempo antes de vernos en colores nuevamente.
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Bienvenidas y Adioses
Cuando el siempre necesario silencio de lo indecible se hacía insoportable, llenaron el vacío con vestigios de lo que fue una perfecta noche de reencuentro y despedida.
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Soledades
Luego de leer mil cartas, de sus mil admiradores, decidió leer otras cien cartas, de sus cien amantes. Al terminar, luego de mil cien sonrisas y una que otra carcajada por un amante secreto, comprendió que de nada sirvieron esos cien juramentos de amor eterno y esas mil declaraciones terminadas en lo siento, pues cada día debe soportar mil cien soledades y el peso de vivir los últimos días sin que nadie le regale un te quiero.
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-Selección publicada anteriormente.
Microcuentos Veraniegos
Producto del calor y la soledad. Producto de ti. Producto de la asesina mezcla de café y cigarros. Una pequeña selección de creaciones veraniegas.
Nostalgias
De pronto la muerte apareció. No aún, le comente, quién te crees que eres. Ya basta, me dijo seria, quinta vez que te crees vivo este mes. Solo quería decirle adiós. Ella te lo dijo hace tiempo, ¿recuerdas?. Descansa, solo descansa.
Madurez
De pronto no hubo ya qué decir, Tomás se hizo hombre y se fue. Solo regresó para llevarlos consigo como pasado y devolverlos a su fin.
Injusticias
Al verlos los quise asesinar. Los odie, lo juro. La jueza me pidió que me calmara e insistió en lo que tanto temía: su ley no protege a quienes sufren de súbita soledad por abandono.
Nostalgias
De pronto la muerte apareció. No aún, le comente, quién te crees que eres. Ya basta, me dijo seria, quinta vez que te crees vivo este mes. Solo quería decirle adiós. Ella te lo dijo hace tiempo, ¿recuerdas?. Descansa, solo descansa.
Madurez
De pronto no hubo ya qué decir, Tomás se hizo hombre y se fue. Solo regresó para llevarlos consigo como pasado y devolverlos a su fin.
Injusticias
Al verlos los quise asesinar. Los odie, lo juro. La jueza me pidió que me calmara e insistió en lo que tanto temía: su ley no protege a quienes sufren de súbita soledad por abandono.
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