12.22.2008
12.01.2008
Fingía
Solía evitar la verdad escondiéndose en ellos
los seducía con una sonrisa brillante
y meneando sus cabellos.
Que buscaba un sentido
que le importaba un carajo
que sentía
Fingía.
Que éramos lo más importante
Había un nosotros
un sueño
desastre
El dolor
las pastillas
los llamados
La locura
la miseria
el pasado
Que buscaba un sentido
que le importaba un carajo
que sentía
Fingía.
7.15.2008
4.20.2008
Homenaje póstumo

Una mañana, al subir a mi auto, noté que una pequeña hoja -cuya identidad guardaremos por respeto a sus familiares y amigos- había detenido su caída natural para aferrarse, con sus últimos aires, al limpia parabrisas trasero. Al preguntarle sus intenciones, la moribunda me pidió, con un hilito en su voz, que le permitiera acompañarme en mi diario paseo por Santiago. Sin pensarlo mucho, accedí silenciosamente a su petición pues -aunque fuera sólo por unas horas- el triste destino que comparten las delicadas habitantes de árboles durante esta época sería aplazado por un último deseo: conocer la ciudad.
Al llegar a mi destino final, la mencionada hoja decidió acabar con el paseo para vivir sus últimos momentos al lado de mi auto.
Al llegar a mi destino final, la mencionada hoja decidió acabar con el paseo para vivir sus últimos momentos al lado de mi auto.
Aquí un pequeño homenaje gráfico.
3.29.2008
Asesinato Nocturno
A la primera la maté una noche de junio, cuando por las noches el frío comienza su cruel calvario y se anida prolijamente en los huesos hasta convertirse en un dolor punzante que apenas sí merece la pena recordar. Lo nuestro nunca debió haber sido y este momento nunca debió haber llegado, sin embargo ahí estábamos, los dos frente a frente, ella desnuda en la cama y yo a minutos de intentar buscar el sueño. No podíamos seguir juntos, no podíamos seguir vivos uno al lado del otro. Al menos no bajo el mismo techo.
Llegado el momento y habiendo tomado la decisión –de la cual admito no estar avergonzado hasta el día de hoy- le comencé a pegar. Ella era más chica que yo, sin embargo no era presa fácil. Logre bajarla de mi cama y la contemplé unos segundos, mientras comenzaba a moverse, intentando balbucear algo nerviosa palabras que jamás llegaré a escuchar. Luego –intentando no mirarla a los ojos- le di el golpe de gracia. Pero ese no sería su fin.
A ella la había conocido media hora antes. En alguna esquina subió a mi auto sin darme cuenta y al salir del baño para acostarme, ella yacía desnuda, en mi cama, esperándome. Sus piernas, largas, prolijas y oscuras me asustaron de inmediato. No estaba acostumbrado a este tipo de aventuras. Nos miramos en silencio hasta que tome la decisión. No me culpen: ella se metió donde no debía.
Al verla en el suelo decidí perdonarla y dejarla vivir, pero la muy imbécil comenzó a levantarse, intentando subir a mi cama. Entonces me decidí y simplemente le di el golpe de gracia. Silencioso, certero, placentero. Limpie sus restos en el baño y noté que esto no era sano y estaba ocurriendo más seguido de lo que quería. Me decidí a dejar de lado el sueño por un momento y buscar un fumigador decente. Algo me decía que ésta no era la primera ni la última de ocho patas que mataría desde entonces.
Llegado el momento y habiendo tomado la decisión –de la cual admito no estar avergonzado hasta el día de hoy- le comencé a pegar. Ella era más chica que yo, sin embargo no era presa fácil. Logre bajarla de mi cama y la contemplé unos segundos, mientras comenzaba a moverse, intentando balbucear algo nerviosa palabras que jamás llegaré a escuchar. Luego –intentando no mirarla a los ojos- le di el golpe de gracia. Pero ese no sería su fin.
A ella la había conocido media hora antes. En alguna esquina subió a mi auto sin darme cuenta y al salir del baño para acostarme, ella yacía desnuda, en mi cama, esperándome. Sus piernas, largas, prolijas y oscuras me asustaron de inmediato. No estaba acostumbrado a este tipo de aventuras. Nos miramos en silencio hasta que tome la decisión. No me culpen: ella se metió donde no debía.
Al verla en el suelo decidí perdonarla y dejarla vivir, pero la muy imbécil comenzó a levantarse, intentando subir a mi cama. Entonces me decidí y simplemente le di el golpe de gracia. Silencioso, certero, placentero. Limpie sus restos en el baño y noté que esto no era sano y estaba ocurriendo más seguido de lo que quería. Me decidí a dejar de lado el sueño por un momento y buscar un fumigador decente. Algo me decía que ésta no era la primera ni la última de ocho patas que mataría desde entonces.
2.24.2008
La mezcla perfecta
No podía seguir evadiéndo el problema, ya no era sano. Me arme de cojones y asumí la dura realidad: lo que yo considero mi constante "viaje de exploración gastronómico" me ha traído un nada sano sobrepeso, razón por la cual tendré que hacer dieta. Evidentemente, decidí que antes de dejar ciertos hábitos alimenticios había que despedirse con lo que me pareció una mezcla perfecta: el crépe de frutilla-nutella del "Crepe Café".

Siendo sincero, la foto es una exageración de lo que realmente era y más se asemeja a lo que Bourdain define como "cocina porno". No obstante, admito que no hubiese escrito este post si el sabor no fuera como el que sentí: exquisito. La mezcla de sabores en la boca, entre la frutilla y su acidez, el calor que daba la nutella y el punto medio representado por la masa y el azúcar flor... así da gusto hacer dieta.
2.11.2008
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