Cuando el sueño no lo hacía suyo
Pedro se apoderaba de la nostalgia
leía antiguos poemas y cuentos,
escritos que la noche le había soplado
quizás hace muchas copas atrás.
Una noche Pedro se hallo solo
incluso la noche huía de él.
Solo, como solo puede estar un poeta
una noche nublada.
Entonces tomo una caja
de esas que guardamos como cicatrices,
con amores y recuerdos de guerras pasadas.
La abrió y respiro el perfume,
en silencio
en el más puramente estricto
silencio
Cuando una lágrima interrumpió,
Pedro pensó que su hora había llegado.
No pidió piedad, tan solo que fuera luego
la espera lo mataba.
La lágrima le recordo que ellas
ya no existían, recuerdos, le dijo.
Pedro sonrío, es cierto,
a veces me cuesta recordarlo.
Recuérdalo, dijo la lágrima,
espero no tener que volver.
Antes de que se fuera, Pedro,
sin pensarlo, la detuvo.
Vuelve, tengo una cama
y dos copas, le dijo.
Pedro desnudó aquella menuda lágrima
y ambos se abrazaron
mientras la noche llegaba y espíaba
como si nadie supiera que había llegado.